El Índice de Precios al Consumidor (CPI) de Estados Unidos correspondiente a mayo de 2026 registró un aumento mensual del 0,5%, mientras que la inflación interanual alcanzó el 4,2%, su nivel más alto desde abril de 2023. El dato se ubicó en línea con las expectativas del mercado, pero confirmó una nueva aceleración de los precios por tercer mes consecutivo, profundizando la preocupación sobre la persistencia de las presiones inflacionarias en la economía estadounidense.
El principal factor detrás del incremento volvió a ser el componente energético. Los precios de la energía registraron fuertes aumentos impulsados por la suba del petróleo y los combustibles, en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente.
La gasolina mostró incrementos significativos tanto en términos mensuales como interanuales, convirtiéndose en uno de los mayores responsables del avance del índice general. Según estimaciones, más de la mitad del aumento mensual del CPI estuvo vinculado al encarecimiento de la energía.
A pesar de ello, la inflación subyacente (Core CPI), que excluye alimentos y energía, presentó un comportamiento más moderado. El índice núcleo aumentó 0,2% mensual y 2,9% interanual, una señal que fue recibida con cierto alivio por los mercados, ya que sugiere que el impacto inflacionario todavía no se ha trasladado de manera generalizada al resto de la economía. Algunos rubros de bienes incluso mostraron descensos, especialmente vehículos nuevos y determinados productos tecnológicos.
Sin embargo, la inflación continúa ubicándose muy por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal. Este escenario refuerza las expectativas de que la Fed mantenga una postura cautelosa en su próxima reunión y reduzca las probabilidades de recortes de tasas en el corto plazo. Los mercados consideran que la evolución de los precios energéticos y la situación geopolítica seguirán siendo factores determinantes para la trayectoria de la inflación durante los próximos meses.